Un agente de IA es un programa que, a partir de un objetivo, decide qué pasos seguir, qué herramientas o datos consultar y cuándo considerar la tarea terminada, todo ello sin que cada paso esté programado de forma explícita. Esto lo diferencia de una automatización clásica, donde el flujo de pasos es fijo y determinado por reglas.
También se diferencia de un chatbot: un chatbot responde preguntas siguiendo un guion o recuperando información, pero no ejecuta acciones encadenadas ni toma decisiones sobre cómo proceder. Un agente, en cambio, puede por ejemplo leer un correo, decidir a qué departamento pertenece, consultar una base de datos y redactar una respuesta, encadenando varios pasos de forma autónoma.
Esta autonomía es útil para procesos variables, pero conlleva riesgos: un agente puede tomar un camino inesperado, cometer errores en cadena o generar costes variables según cuántas acciones ejecute. Por eso recomendamos agentes solo cuando el proceso lo justifica y siempre con supervisión humana definida.